SE ESPERAN REENCUENTROS TRAS APERTURAS DE PUENTES

La sola idea de pensar que pronto tendría la oportunidad de ver, abrazar y besar a su familia hizo derramar lágrimas a Fabián Alonso, quien está impedido de viajar a México por el trámite migratorio que lleva en este país, al igual que su familia que no puede cruzar por el cierre parcial de la frontera a causa de la pandemia de Covid-19.

Sin embargo el haber escuchado el reporte oficial de la reapertura de la frontera, programada para el 8 de noviembre, lo llenó de alegría y le hizo revivir gratos momentos al lado de su familia a la cual no ve desde hace más de cinco meses, luego de tomar la decisión de tramitar su residencia.

“Por fin se va a abrir la coyuntura de que puedan venir y poder abrazarlos”, dijo consternado por la soledad que ha sufrido desde que dejó a su esposa, hermana y sobrinos en Ciudad Juárez para obtener su residencia legal en este país por medio de 

su hija ciudadana estadounidense, con residencia en Dallas, Texas.

De 58 años, criado en Juárez, pero originario de la ciudad de Chihuahua, dijo que la decisión, aunque tardía, de levantar las restricciones terrestres mantuvo separadas a miles de familias fronterizas durante más de 19 meses que lleva la epidemia.  

“Es triste, te entra mucho la melancolía, sobre todo en las noches que no tienes con quién platicar, compartir tu día y hasta discutir las situaciones que se viven en familia”, expresó el juarense al borde de las lágrimas.

En tono jubiloso manifestó que aunque en un principio no creyó la noticia debido a que en muchas ocasiones y mes con mes se anunciaba la reapertura, ésta nunca se concretaba, pero en este anuncio sintió una corazonada de que sí era verdad. 

“Desde ese día me puse feliz y ya quiero que llegue la fecha para ver a parte de mis seres queridos y decirles que los quiero y los extraño”, dijo para luego hacer una pausa y entristecerse a la vez ya que no podrá ver a su esposa, que no se verá imposibilitada de cruzar por el vencimiento de su visa láser.

Será un gran día y como se dice, un desahogo sentimental, luego de haber vivido y experimentado ese calvario de estar en un país que no es el tuyo y enfrentando todas las necesidades y sufrimientos que se viven al estar solo. Está muy duro mental, moral y económicamente, subrayó.

El hombre, quien rebasa el medio siglo en edad, expresó que dentro de ese aislamiento, encierro y soledad y como creyente se ha refugiado en Dios, quien le ha ayudado a salir adelante y calmar su desesperación y tristeza.

“Este tiempo me ha servido para acercarme más al Señor nuestro Dios y seguir adelante, de no rajarme y continuar con mi sueño de arreglar mis papeles para vivir y trabajar en Estados Unidos”, añadió Fabián. 

Con palabras entrecortadas, aseguró que ha habido momentos en que pensó arrojar todo por la borda y regresarse a su país. “No lo he hecho porque Dios es grande y me ha dado el valor, las fuerzas y la sabiduría para continuar aquí”.

Como consuelo y consejo para los que están en una situación similar a la de él, los conminó a apegarse a Dios, tener fe para calmar esa desesperación y momentos de tristeza que sobrellevan.

No obstante y dentro de esa nostalgia y melancolía testificó que no pretende abandonar su meta: “Mi sueño es tener mi residencia y laborar aquí porque dentro de todo he constatado que hay muchas oportunidades de crecimiento laboral y hasta de tener un negocio propio.

Agregó que ya teniendo su residencia se puede conseguir un préstamo para emprender un oficio y hasta generar fuentes de empleo, aunque sea mínimo, indicó en su visión empresarial para despejar cualquier duda de que sería una carga pública como se ha cuestionado a los migrantes.

En su experiencia dijo haberse dado cuenta y de vivir en carne propia el proceso de residencia legal. “No es cierto que uno la tiene fácil, no son las perlas de la Virgen de lo que se piensa… se sufre, se batalla en todos los aspectos mientras llega”.

Comentó que gracias a un amigo buen samaritano puede tener un techo y sobrevivir con el dinero que le envía su hija y el resto de su familia ante la imposibilidad de conseguir el propio por la falta de permiso laboral y un número de Seguro Social.

En los más de siete meses que tiene en este país su trámite ha ido lento por lo que ya perdió las esperanzas de pasar los días festivos tradicionales de fin de año con su familia. La pandemia y los casos de petición de asilo político de miles de centroamericanos tienen pausados nuestros procesos, afirmó.

“Tengo que asimilarlo y ya me estoy preparando: estaré solo en Navidad y Año Nuevo”, dijo compungido quien ingresó a Estados Unidos vía aérea en plena pandemia y apenas atendió su cita para plasmar sus huellas digitales y la toma de fotografía. 

Al mismo tiempo dijo extrañar la ciudad que lo vio crecer y desarrollarse profesionalmente. “No te lo niego, es la ciudad donde he vivido durante más de 40 años y que me dio la oportunidad de crecer y formar una familia. Extraño los baches y el desorden urbano que identifica a mi sufrida y querida ciudad”, dijo en tono de broma.

Señaló que además del reencuentro y fortalecimiento de los lazos familiares y de amistad que se reactiven a partir del 8 de noviembre, vendrá también la reactivación económica al regresar esa normalidad que se congeló durante meses y que tanto afectó a las familias fronterizas. 

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