En Centroamérica los periodistas enfrentan exilio, prisión y ruina económica por hacer su trabajo; en México, las agresiones suman cientos cada año y los asesinatos no se detienen. Las organizaciones de libertad de prensa advierten que la censura evolucionó.
El periodismo centroamericano se ha trastocado en los últimos años: ya no se trata de informar, sino de resistir. Los reporteros escriben sabiendo que cada palabra se puede transformar en un disparo, una auditoría, una orden de captura o el inicio de un exilio indefinido. Desde las calles empedradas de San Salvador, las montañas brumosas de Guatemala, las riberas del Coco en Nicaragua o en los valles hondureños los periodistas viven en alerta permanente.
Los mecanismos de censura del gobierno evolucionaron para tener una “estrategia eficaz” y así silenciar a la prensa crítica. Ahora ese panorama, advierten reporteros y organizaciones, es un “espejo” para México.
El estado de la libertad de expresión, acceso a la información y la violencia amenazan a la prensa en Guatemala, Honduras, El Salvador, Cuba y Nicaragua. El caso más alarmante ocurre en El Salvador, actualmente gobernado por Nayib Bukele, donde 100% de las agresiones documentadas provino de estructuras estatales.
En el caso hondureño, donde gobierna Nasry Asfura, dos de cada tres agresiones fueron perpetradas por autoridades. Bajo el gobierno del guatemalteco Bernardo Arévalo de León, 60% de estos casos derivó de bloqueos informativos en tribunales y ministerios públicos.
Informes de Reporteros Sin Fronteras (RSF), la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y Artículo 19 coinciden en que el panorama durante los últimos cinco meses para la prensa es “crítico”. La violencia ha evolucionado: si bien los asesinatos continúan siendo la forma más extrema de censura, los gobiernos y actores de poder han sofisticado sus tácticas mediante el estrangulamiento financiero, la persecución legal y la represión transnacional.
El asesinato continúa siendo el método de silenciamiento definitivo, concentrándose de manera alarmante en México. Durante el año pasado se registraron nueve asesinatos de periodistas en el país, elevando la cifra a 12 desde el inicio de la administración de Claudia Sheinbaum. Pero la censura se ha vuelto sistemática a través de múltiples capas de control estatal y judicial. El uso del aparato de justicia penal para silenciar voces críticas ha reemplazado a la censura directa en varios países, obligando a los periodistas a defenderse en tribunales con procesos amañados o infundados causando un éxodo sin precedentes en la región.
Los regímenes de corte autoritario en Centroamérica han comenzado a atacar el sustento económico y la seguridad migratoria de los comunicadores.
El panorama para la prensa en México y Centroamérica se ha deteriorado con una combinación de asesinatos, amenazas, espionaje, acoso judicial, campañas de estigmatización y uso del aparato estatal para inhibir investigaciones periodísticas. Los informes de las organizaciones coinciden en que ya no se trata solamente de violencia del crimen organizado: funcionarios públicos, fiscalías, cuerpos militares y actores políticos se han convertido en agresores centrales.
El caso más simbólico del último año ha sido el endurecimiento del gobierno de Bukele contra voces críticas. El ejemplo más visible es Ruth López, abogada anticorrupción de la organización Cristosal, detenida hace un año tras investigar corrupción gubernamental.
Los exilios
El ecosistema mediático salvadoreño vive una ola de autocensura y salida de periodistas hacia Costa Rica, México y Estados Unidos. No existen cifras oficiales exactas. Sin embargo, mediante organizaciones de defensa de la libertad de expresión como la Fundación por la Libertad de Expresión y Democracia (FLED), así como la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), se puede trazar una radiografía clara de la magnitud del éxodo y de cómo México se ha convertido en un refugio clave. La APES documentó 426 agresiones en 2024 y más de 50 exilios sólo en 2025, incluyendo oleadas que afectaron a prácticamente todas las redacciones de medios independientes.
Nicaragua encabeza las cifras de desplazamiento forzado de la prensa en el continente: desde el inicio de la crisis en 2018 hasta 2025, cerca de 280 periodistas y trabajadores de medios han tenido que huir de la “mano dura” del matrimonio presidencial de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Fragmento del reportaje publicado en la edición 36 de la revista Proceso, correspondiente a junio de 2026, cuyo ejemplar digital puede adquirirse en este enlace.

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