Después de diez años de convertirse en uno de los rostros más cercanos de la diplomacia mexicana en la frontera, la cónsul de Asuntos Comunitarios del Consulado General de México en El Paso, Lorena Adriana Martínez Landaverde, cerró un importante capítulo de su carrera profesional para asumir una nueva responsabilidad en la Sección Consular de México en Washington, D.C., una de las representaciones diplomáticas más importantes del país en el extranjero, donde colaborará estrechamente con el embajador de México en Estados Unidos, Roberto Lazzeri Montaño.
Su despedida reunió a funcionarios consulares, representantes de organizaciones comunitarias, líderes de ambos lados de la frontera y amigos que durante años compartieron proyectos dirigidos al bienestar de la comunidad mexicana. En un ambiente cargado de emociones, la diplomática agradeció el cariño recibido y, con la voz entrecortada y lágrimas, reconoció que dejar El Paso representa uno de los momentos más difíciles de su vida profesional.
“Me voy muy agradecida con esta región fronteriza que me abrió las puertas. Llegué en 2016 y hoy, diez años después, me llevo mucho más de lo que imaginé”, expresó durante una entrevista concedida a El Diario de El Paso.
El ascenso de Martínez Landaverde a Washington no es casualidad. Forma parte del Servicio Exterior Mexicano desde 1998, una carrera a la que ingresó tras aprobar uno de los procesos de selección más exigentes de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).
Recordó que cuando presentó el examen nacional cerca de 900 aspirantes buscaron ingresar al Servicio Exterior, pero únicamente 11 lograron aprobar, ubicándose ella entre los cinco mejores resultados.
“Ser cónsul no es un nombramiento político, es una carrera de Estado que exige años de preparación, evaluaciones constantes y experiencia”, explicó.
Su primera adscripción internacional fue en Orlando, Florida; posteriormente prestó servicios en Denver, Colorado, antes de incorporarse al área de Protocolo de la Cancillería en la Ciudad de México y finalmente ser enviada al Consulado General de México en El Paso.
Hoy, casi tres décadas después de haber iniciado su trayectoria diplomática, considera que su llegada a Washington representa el reconocimiento a una vida dedicada al servicio público. “Después de casi 30 años se reconoce el trabajo, la experiencia y, sobre todo, la pasión por servir a mi país”, afirmó la funcionaria federal, quien deberá estar en Washington, D.C. la próxima semana.
Aunque hoy habla de El Paso con profunda admiración, Martínez Landaverde confesó que cuando recibió la asignación sintió miedo.
Como madre de cuatro hijas, la imagen de violencia que con frecuencia se proyectaba de la frontera le generaba incertidumbre. Sin embargo, esa percepción cambió por completo al llegar a la región.
“Encontré exactamente lo contrario. Encontré calidad humana, una comunidad resiliente, trabajadora, generosa y con enormes ganas de salir adelante”, dijo nostálgica al recordar el año en que salió de su tierra natal y dejó a sus padres y hermanos en busca de nuevos horizontes.
Para la diplomática, la región Paso del Norte no puede entenderse únicamente como una frontera entre México y Estados Unidos.
“Estamos hablando de una región internacional integrada por Ciudad Juárez, El Paso y Las Cruces, que demuestra todos los días cómo dos países pueden crecer juntos y construir oportunidades compartidas”, señaló.
Durante la entrevista, Martínez Landaverde aprovechó para explicar una labor poco conocida del Consulado General de México.
Si bien miles de personas acuden diariamente para realizar trámites como pasaportes, matrículas consulares o registros civiles, el área de Asuntos Comunitarios tiene una misión distinta: acercar programas sociales, educativos, financieros y de salud a la comunidad mexicana que vive en el exterior.
En una región fronteriza como El Paso, donde diariamente convergen trabajadores transfronterizos, estudiantes, empresarios, familias binacionales y migrantes, la coordinación entre el Consulado y autoridades locales resulta indispensable.
Por ello, durante la última década la representación diplomática fortaleció alianzas con hospitales, universidades, organismos de salud, instituciones educativas, bancos de alimentos, organizaciones civiles y dependencias gubernamentales de ambos lados de la frontera para ofrecer servicios gratuitos a la población mexicana.
La diplomática asegura que una de sus mayores satisfacciones fue dejar una estructura mucho más sólida de apoyo comunitario.
Y es que cuando llegó a El Paso únicamente operaba la Ventanilla de Salud. Bajo su gestión nacieron nuevos programas como la Ventanilla de Educación, la Ventanilla de Asesoría Financiera y la Ventanilla Deportiva, además de jornadas permanentes dedicadas a salud, educación y finanzas.
También impulsó convenios con diversas organizaciones para que los mexicanos pudieran realizar gratuitamente la declaración de impuestos, acceder a asesorías financieras, programas de nutrición, revalidación de documentos y orientación para fortalecer su calidad de vida.
Otro de los proyectos que considera emblemáticos fue la creación de la Copa Consulado, un torneo deportivo incluyente que incorporó por primera vez una competencia dirigida a niños y jóvenes con discapacidad, algunos de los cuales hoy representan a México en competencias internacionales.
Más allá de los programas institucionales, Martínez Landaverde aseguró que la esencia de su trabajo consistió en escuchar. “Nos tocó atender al migrante, al trabajador, al adulto mayor, a las familias, a quien simplemente necesitaba saber que había alguien dispuesto a orientarlo”.
Explicó que, aunque Asuntos Comunitarios no resuelve directamente todos los problemas legales de los connacionales, sí funciona como la primera puerta de acceso para canalizar a cada persona hacia las áreas de protección, documentación o asistencia especializada dentro del Consulado.
Su nueva responsabilidad la llevará ahora al corazón político de Estados Unidos. En Washington, D.C. colaborará desde la Sección Consular de México, donde además de atender a la comunidad mexicana participará en una representación que mantiene una relación permanente con la Embajada de México encabezada por Roberto Lazzeri Montaño, en un contexto donde la agenda bilateral aborda temas como migración, comercio, seguridad, cooperación económica y protección consular.
Reconoce que iniciar esta etapa implica nuevos desafíos personales y profesionales. “Tengo miedo, claro que sí. Dejo aquí en Texas a tres de mis cuatro hijas y comienzo una nueva etapa. Pero de eso se trata la vida: de enfrentar los retos y seguir creciendo”, dijo la originaria de Querétaro, México.
Durante el brindis de despedida, el cónsul general Mauricio Ibarra Ponce de León aseguró que el trabajo desarrollado durante una década no terminará con su salida. “El nivel de trabajo que dejó Adriana lo continuará su equipo. Quien llegue tendrá la obligación de mantener ese compromiso con la comunidad”, dijo sin mencionar quién será la nueva titular de esa área consular que quedará vacante.
Finalmente, Martínez Landaverde dejó un mensaje para quienes durante años acudieron al Consulado en busca de ayuda. “Hay mucho por hacer. El Consulado tiene las herramientas para seguir apoyando a nuestra gente. A esta comunidad le dejo mi corazón. Me voy físicamente, pero una parte de mí se queda para siempre en El Paso”, expresó visiblemente emocionada.

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