septiembre 4, 2026

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¿POR QUE MIENTEN LOS ADOLESCENTES Y CUANDO DEBE PREOCUPARTE?

Descubrir que un hijo adolescente mintió duele y casi siempre genera la misma pregunta angustiante: ¿en qué más me está mintiendo? Antes de saltar al castigo o al interrogatorio, vale la pena entender qué hay detrás de esa mentira, porque no todas significan lo mismo ni todas deberían preocuparte igual.

El psicólogo Jesús Delfín explica que la mentira funciona como una herramienta que los adolescentes usan para crear una separación psicológica con sus padres. Es parte del proceso normal de crecer emocionalmente, en el que empiezan a depositar su confianza en amigos y compañeros, en lugar de contarlo todo en casa como antes.

No es rebeldía sin razón. Es, literalmente, la forma más torpe que muchos jóvenes encuentran para empezar a construir su propia identidad, separada de la de sus padres.

Las razones más comunes detrás de una mentira adolescente

Especialistas en conducta juvenil coinciden en varios motivos que se repiten con frecuencia:

  • Miedo al castigo o a decepcionar: evitar una consecuencia negativa o una reacción de enojo.

  • Necesidad de privacidad: el adolescente busca delimitar su propio espacio, algo esperado en esta etapa.

  • Proteger a los padres: algunos mienten no para evitar problemas propios, sino para no herir los sentimientos de mamá o papá ante algo que la familia consideraría inaceptable.

  • Baja autoestima: mentir para parecer más interesante o exitoso ante los demás, buscando aceptación social.

  • Imitación: si en casa ven a los adultos mentir con frecuencia, aunque sean mentiras «pequeñas», lo normalizan como parte de la comunicación cotidiana.

  • Demostrar autonomía: frases como «ya lo resolví» o «no necesito ayuda» a veces esconden el deseo de probar que ya pueden tomar decisiones solos, sin supervisión constante.

No todas las mentiras pesan lo mismo

El coach especializado en adolescentes Daniel Wong propone distinguir tipos de mentiras según su función, y esa clasificación ayuda a que los padres reaccionen distinto según el caso. Hay mentiras que solo buscan evitar una conversación incómoda en el momento, y hay otras que buscan cubrir algo con consecuencias mucho más serias. La diferencia está en investigar qué esconde la mentira, más que enfocarse solo en el hecho de que mintió.

¿Cuándo sí debe preocupar de verdad?

Aquí está la línea que marcan los especialistas: mentir de forma ocasional es parte normal del desarrollo adolescente. El problema aparece cuando la mentira deja de ser puntual y se convierte en un patrón constante, sobre todo si se usa para encubrir conductas de riesgo como consumo de sustancias, acoso escolar o problemas de salud mental.

Otra señal de alerta, según psicólogos que tratan a jóvenes, es cuando el adolescente empieza a creerse sus propias mentiras. En ese punto, es probable que esté usando esa conducta como forma de evitar enfrentar algo de su propia vida que le resulta demasiado difícil de procesar.

Lo que no ayuda: el castigo automático

Jesús Delfín es enfático en un punto que contradice el instinto de muchos padres: castigar automáticamente cuando descubren una mentira suele ser un error. Eso no significa eliminar los límites, sino ponerlos dentro de un ambiente de calma, donde el adolescente entienda el porqué de la intervención, en lugar de sentir que cada conversación termina en regaño.

El interrogatorio y la vigilancia excesiva, aunque parezcan una respuesta lógica ante la desconfianza, suelen generar el efecto contrario: mientras más invadido se siente un adolescente, más se cierra.

Lo que sí funciona: cambiar del control a la disponibilidad

La recomendación de fondo es simple de mencionar, aunque no siempre fácil de aplicar: pasar del control constante a estar disponible emocionalmente. Elegir bien el momento para hablar (evitando confrontaciones cuando el joven está cansado o a la defensiva) y usar frases como «tengo la sensación de que algo te preocupa y quiero que sepas que estoy aquí», en lugar de «sé que me estás ocultando algo», suele abrir mucho más la puerta a una conversación honesta.

Al final, la meta no es lograr que un adolescente nunca mienta, eso es prácticamente imposible en esta etapa. La meta real es que, cuando algo importante esté pasando de verdad, sienta que puede contarlo sin miedo a que la casa se convierta en un tribunal.