Nueva York. – Un cuarto de siglo después de los atentados que dejaron casi tres mil muertos, el juicio contra el presunto autor intelectual de los ataques del 11 de septiembre de 2001 sigue sin celebrarse. Khalid Sheikh Mohammed lleva 20 años recluido en la base naval de Guantánamo, en Cuba, sin una condena, mientras las familias de las víctimas observan con creciente inquietud que el tiempo para obtener justicia se agota.
Tom Resta perdió a su hermano John y a su cuñada Sylvia, quien estaba embarazada de siete meses, cuando los secuestradores estrellaron aviones contra el World Trade Center y el Pentágono. La pareja, que trabajaba como operadores financieros en la planta 92 de la Torre Norte, había estado decorando la habitación de su futuro bebé con motivos de Blue’s Clues pocos días antes de la tragedia.
«Después de tanto tiempo, todavía se me hace un nudo en la garganta», confesó Resta, con la voz quebrada. Aseguró que el recuerdo del 11-S está «casi constantemente» en su mente, y que el proceso judicial contra Mohammed y sus coacusados le resulta «arduo y tedioso».
Resta ha viajado cuatro veces a Guantánamo para presenciar las audiencias preliminares, donde los familiares y la prensa observan a los acusados a través de un grueso cristal. El caso ha pasado por cinco jueces militares distintos, y el mes pasado se fijó la fecha del juicio para junio de 2028, aunque Resta no confía en que sus seres queridos lleguen a verlo.
«Mi padre cumplirá 98 años en noviembre y no creo que espere llegar a verlo. Tengo muchos familiares —tíos y tías— a quienes les gustaría presenciarlo. Pero, en particular, no creo que mis padres esperen vivir lo suficiente», lamentó. «Ojalá todos los acusados sigan vivos para cuando llegue el juicio. Es una gran preocupación», añadió.
Stephan Gerhardt, cuyo hermano menor Ralph murió en los ataques, realizó su sexto viaje a Guantánamo a principios de 2025, en compañía de Resta. Gerhardt conserva el coche de Ralph y lo está restaurando, y al encontrar pertenencias de su hermano en casa de sus padres, sintió que «son solo cosas viejas, pero pertenecieron a mi hermano pequeño».
Su «mayor preocupación» es que los acusados mueran sin condena: «Están envejeciendo. No quiero que mueran sin haber sido condenados, porque sería una injusticia para todos los familiares: capturamos a estas personas, pero nunca llegamos a juzgarlas ni a condenarlas por el asesinato masivo de nuestros seres queridos».
El acta de acusación enumera 2 mil 976 víctimas y acusa a Mohammed de conspiración y asesinato. Se le atribuye haber ideado el plan de entrenar pilotos para estrellar aviones contra edificios y habérselo presentado a Osama bin Laden. Mohammed llegó a afirmar que planeó la «operación del 11 de septiembre de la A a la Z».
Días después de fijarse la fecha del juicio, el juez militar desestimó las confesiones que Mohammed hizo a agentes del FBI en Guantánamo, tras ser trasladado desde prisiones secretas de la CIA conocidas como «sitios negros». El juez describió el trato recibido como un «abuso físico y mental extraordinario» y dictaminó que las confesiones no fueron voluntarias.
Los acusados fueron sometidos a «años de abusos», que incluyeron la técnica de ahogamiento simulado (waterboarding) y posturas forzadas. Según Kasey McCall-Smith, profesora de derecho internacional en la Universidad de Edimburgo, «todos los aspectos del caso se han litigado en torno a la cuestión de la tortura».
El fallo del mes pasado implica que la fiscalía pierde su prueba más sólida contra Mohammed. Aunque existen otras evidencias, como llamadas interceptadas y grabaciones secretas, no está garantizado que puedan presentarse. «El equipo legal de Mohammed y los equipos de defensa de los otros acusados presentarán mociones para intentar excluir también algunas de estas categorías de pruebas», explicó John Ryan, autor de un libro sobre el caso.
Durante la administración de George W. Bush se admitió el uso de «técnicas de interrogatorio mejoradas», que Barack Obama prohibió al asumir la presidencia. Para Gerhardt, «si no los hubiéramos torturado, las implicaciones legales habrían sido mucho más sencillas. Probablemente habrían sido condenados a muerte hace mucho tiempo». Y agregó: «No puedo controlar lo que hizo el gobierno y tenemos que vivir con las consecuencias».
A principios de 2025, Mohammed y dos coacusados debían declararse culpables en virtud de un acuerdo con los fiscales, pero el proceso se suspendió a última hora tras la objeción del gobierno, que argumentó que se privaría al público de un juicio sobre la culpabilidad y la posible pena capital. Resta apoyaba el acuerdo: «Mi filosofía es que estos sujetos no son el tipo de personas que deberían andar libres por las calles; por mí, pueden quedarse justo donde están. Solo quiero que sean condenados».
Brett Eagleson, cuyo padre Bruce murió en los ataques, prefiere un juicio completo. «No se trata tanto de opinar sobre si estos prisioneros deben vivir o morir, sino de que creo en el sistema judicial y en que el proceso funciona. Considero que un juicio, la fase de presentación de pruebas y la exposición pública del caso son la manera de sacar a la luz la verdad», afirmó. Describió la situación en Guantánamo como un «desastre» y expresó sentirse traicionado por el gobierno.
Eagleson considera que para el público general el 11-S se está convirtiendo en «un acontecimiento histórico»: «Creo que la gente simplemente asume que atrapamos a Bin Laden, que ya salimos de Irak y que la guerra de Afganistán terminó; dan por hecho que ese capítulo ya se cerró».
Cuando el juicio comience, se estima que durará alrededor de un año. McCall-Smith explicó que las audiencias previas buscan determinar «qué pruebas se admiten y cuáles no», y que «si eso se acuerda de antemano, el juicio puede desarrollarse con mayor agilidad».
Gerhardt, por su parte, anhela el cierre: «Es un lugar al que no quiero volver. Quiero vivir mi vida y disfrutar de mis aficiones y de los recuerdos de Ralph».

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