Ese olor a huevo podrido o “choquía” que a veces queda en vasos y platos recién lavados tiene una explicación científica y una solución sencilla: bastan ingredientes que ya tienes en la cocina, como vinagre blanco, limón o bicarbonato, para eliminarlo por completo, según especialistas en limpieza del hogar.
¿De dónde viene ese olor si ya lavaste los trastes?
La palabra “choquía” viene del náhuatl xoquializtli, que significa algo así como “hedor de piedra de azufre”, y no es casualidad que huela justo así. El principal culpable suele ser la esponja: cuando se queda húmeda con restos de comida, se convierte en el lugar perfecto para que las bacterias se multipliquen y liberen sulfuro de hidrógeno, el mismo gas responsable del clásico olor a huevo descompuesto.
A eso se suma que alimentos como el huevo, la carne o el pescado tienen proteínas cargadas de azufre. Si no se enjuagan bien, esos restos se quedan pegados en las rendijas o poros de platos y vasos, sobre todo en piezas de plástico o con rayones. El agua “dura”, es decir, con mucho calcio o magnesio, o con exceso de cloro, puede empeorar el problema porque reacciona con el jabón y los residuos. Y si guardas los trastes todavía húmedos o muy apilados, el aire no circula y las bacterias siguen creciendo ahí dentro.
Tres trucos caseros para quitar el olor
- Vinagre blanco: agrega un chorrito a tu agua con jabón, o deja los trastes remojando en agua con vinagre unos 10 minutos antes de enjuagar. Funciona como desinfectante y neutraliza el olor.
- Limón: frota medio limón directamente sobre el plato o vaso, o exprime su jugo en el agua donde preparas el detergente. Su acidez corta la grasa y ayuda a eliminar bacterias.
- Bicarbonato de sodio: mezcla un poco con agua hasta formar una pasta, frótala en el utensilio y déjala reposar 5 minutos antes de lavar como siempre. Es especialmente útil en plástico o trastes muy usados.
Cómo evitar que el olor regrese
Cambia tu esponja cada dos o tres semanas y desinféctala a diario con agua hirviendo o un poco de cloro, porque ahí es donde más bacterias se acumulan. Evita lavar juntos los trastes que usaste con huevo o carne cruda y los que ya están limpios, para no pasar bacterias de unos a otros. Lavar con agua caliente ayuda a disolver mejor la grasa y las proteínas que con agua fría, y dejar que los platos se sequen por completo en el escurridor antes de guardarlos evita que la humedad favorezca a las bacterias.
Con estos ajustes en tu rutina de lavado, la “choquía” no tiene por qué volver a arruinarte un vaso de agua.

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