Cada vez más personas están hartas de aparentar una vida perfecta en redes sociales, según explica la psicóloga Lara Ferreiro. Para ella, el bienestar mental de este momento pasa justo por lo contrario: dejar de fingir y empezar a mostrarse tal cual se es.
La selfie sonriente, el filtro cálido, la frase motivacional de fondo. El gesto de compartir se volvió casi automático, sin importar si lo que hay detrás es real o no. Lo único que parece importar es que se vea auténtico, aunque no lo sea.
Ahí está el problema: se termina confundiendo la validación externa con el bienestar real. Cada «me gusta» funciona como un pequeño refuerzo, y cuanto más se muestra una vida feliz, más aprobación llega. El resultado es un ciclo silencioso donde la imagen que proyectamos termina reemplazando lo que en verdad sentimos.
Cuando el personaje se come a la persona
Necesitar likes, revisar cada hora quién vio tu historia, sentir ansiedad si no llegan respuestas, comparar tu vida con la de los demás todo el tiempo. Subir fotos que en el fondo no reflejan lo que estás viviendo. Estar en un lugar sin disfrutarlo por el miedo a perderte algo en redes.
Cuando tu estado de ánimo empieza a depender de cómo reacciona la gente en internet, en realidad le estás entregando tu autoestima a otros.
La trampa de comparar tu vida real con la editada de los demás
Es fácil caer en comparar tu día a día con los momentos más cuidados y editados que ves de otras personas. Eso genera más ansiedad y menos autenticidad, justo lo opuesto a lo que se busca al entrar a redes en primer lugar.
A esto los psicólogos le llaman la «tiranía de la felicidad»: esa presión social por aparentar alegría todo el tiempo, aunque por dentro haya tristeza, frustración o simple cansancio. Estar triste, en ese contexto, casi se siente «mal visto».
¿Qué se puede hacer al respecto?
Ferreiro propone algo que suena simple pero cuesta poner en práctica: reconectar con lo humano en lugar de con la pantalla. Habla de tomarse un descanso digital real, no solo para desconectar de las redes, sino para volver a estar presente con la gente que sí importa, en tiempo real y sin filtros de por medio.
También menciona la idea de tener «mente de monje»: estar en el aquí y el ahora en lugar de vivir pendiente de cómo se ve todo desde afuera. Esa calma, dice, es justo lo que más necesita la gente en un momento donde todo parece requerir prisa y una sonrisa constante.

Más historias
SOBREVIVE JOVEN TRAS SER ARRASTRADA POR INUNDACION EN ARIZONA
¿PLATAFORMAS DIGITALES DESPLAZAN A NEGOCIOS LOCALES?
LOS ESTRENOS DE MUSICA POP AUMENTAN 15% EL NUMERO DE ACCIDENTES DE TRAFICO Y SUS VICTIMAS,,ESTUDIO EN EU