El out 27, un elevado al jardín derecho de Valentín Hernández terminó en lo deportivo, el sábado anterior, con las multipublicitadas aspiraciones bicampeoniles estatales de los Indios de Ciudad Juárez quienes, superados ampliamente en cinco juegos por los Manzaneros de Cuauhtémoc en ‘semis’, entregaron la corona en su propia casa, UN CATEGÓRICO Y ROTUNDO FRACASO.
Sergio Arturo Duarte Méndez
MÁQUINA DEPORTIVA
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Difícilmente, muy difícilmente un rayo cae dos veces en el mismo lugar y menos con esta serie de tropelías y arrebatos que en el tema de pantalón largo colocaron el sello distintivo a una triste etapa de dos años de Indios de Ciudad Juárez, en el circuito estatal de beisbol.
Al igual que en el terreno, fuera de éste, el fly de Hernández deberá terminar si o si con uno de los capítulos más oscuros, vergonzosos y lamentables -si no el que más- que haya vivido el beisbol juarense de Primera Fuerza en su historia: la gestión del jurisdiccional Óscar Chávez.
Marcada desde la fecha uno de la temporada 2025 por las malas mañas -cuando cortejó e invitó a Ojinaga vía WhatsApp a la pareja del pitcher Jordan Suárez-, por el autoritarismo, por el escándalo y por la polémica, Chávez será recordado como el directivo que, gracias a sus ‘virtudes’ fue acusado penalmente por hostigamiento sexual y señalado también por convertir el clubhouse indígena en un corredero de droga.
Al hacer un recuento resulta complicado recordar en el pasado reciente el nombre de algún titular de la Zona Uno que haya sido formal y penalmente denunciado ante la autoridad correspondiente.
La cloaca destapada en redes sociales por medio de una carta por el pitcher Alex Reyes durante la campaña dejó muy en claro que las cosas al interior de la tribu no marchaban nada bien y que la turbulencia y la marea alta en Indios eran responsabilidad del propio jurisdiccional, crisis que irremediablemente se reflejó en cierto momento del torneo dentro del campo y obviamente, en el standing.
Exitoso en el ámbito comercial con múltiples patrocinadores por tratarse del equipo campeón, altos costos en bebidas y alimentos en el estadio, en el corte de caja deportivo, aunado a sus actitudes y acciones que generaron en algunos aficionados el doloroso deseo que el equipo de sus amores perdiera para que terminara la ‘Era Chávez’ y la mala imagen que imprimió al equipo, el propio jurisdiccional, el gerente deportivo Alfonso Venegas y su equipo de trabajo se hicieron el ‘harakiri’ más de una vez.
A diferencia del año anterior, cuando acertaron con la elección del pitcher profesional Damián Mendoza, esta vez cayeron en la misma situación que tanto criticaron a la administración de Luis ‘Güero’ Guerrero en el 2024, no tuvieron un lanzador profesional de alto nivel.
Esta campaña contrataron y erraron un par de veces con el lanzador profesional Francisco Haro, el norteamericano Terance Marín y Juan Pablo Oramas, de los tres, ninguno hizo la chamba en un departamento que indudablemente fue el talón de Aquiles de la tribu.
En una determinación visceral que cimbró al medio de la pelota local, la dirigencia de Indios despidió al manager Pablo González -con quien Chávez tuvo serias diferencias desde la campaña pasada y la relación se fracturó-, en la recta final de la justa y la decisión, igualmente le jugó en contra.
Ya para finalizar, en el juego dos de las semifinales, con el atenuante y el beneficio de la duda en el sentido que los Manzaneros robaron bases con una pizarra muy holgada a su favor, los Indios de Chávez y Rosales recurrieron al beisbol sucio y causaron una gresca campal para el recuerdo.
Irónicamente, así como el beisbol juarense de Primera Fuerza perdió cuando en septiembre pasado se ciñó milagrosamente la ansiada corona estatal, hoy, me atrevo a afirmar que el sábado 15 del mes en curso ganó al perder la semifinal ante los Manzaneros de Cuauhtémoc.

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