agosto 28, 2026

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‘EL CONOCIMIENTO TE TIENE QUE HACER HUMILDE’…

El doctor Tonatiuh Melgarejo compartió con estudiantes del Programa de Médico Veterinario Zootecnista una historia de curiosidad, fracaso, perseverancia y descubrimiento para recordarles que elegir una profesión no basta; también hay que encontrar aquello que despierte la necesidad de seguir preguntando

No siempre basta con seguir los sueños. A veces hay que perseguirlos durante décadas, equivocarse, comenzar de nuevo, aceptar que uno no lo sabe todo y, sobre todo, encontrar una pregunta que sea suficientemente poderosa para mantener viva la curiosidad.

Esa fue una de las principales reflexiones que el doctor Tonatiuh Melgarejo, del Departamento de Ciencias Clínicas Veterinarias de la Western University of Health Sciences, en Pomona, California, compartió este 28 de agosto en el teatro Gracia Pasquel del Centro Cultural Universitario con estudiantes de la Licenciatura en Médico Veterinario Zootecnista del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB), durante la última conferencia magistral, “When ‘Following Your Dreams’ Is Not Enough: Why a Deeply Rooted Passion Drives True Medical Discovery?”, como parte de las celebraciones por el medio siglo del programa adscrito al Departamento de Ciencias Veterinarias de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ).

Frente a un auditorio integrado principalmente por jóvenes que comienzan su formación universitaria, el especialista no presentó una trayectoria profesional perfecta. Por el contrario, habló de sus tropiezos, de las personas que lo hicieron cuestionarse, de los momentos en que se sintió poco preparado y de las decisiones que lo llevaron a construir una carrera en la que la medicina veterinaria y la investigación científica terminaron encontrándose.

Su historia comenzó mucho antes de los títulos académicos.

Desde los cinco años, contó, sabía que quería ser veterinario. El contacto que tuvo desde pequeño con la naturaleza y con animales como armadillos, venados, monos, serpientes y cocodrilos despertó una fascinación que con el tiempo se convirtió en una vocación.

Décadas después, esa curiosidad lo llevaría de México a Estados Unidos y de la práctica clínica a la investigación en biología celular y molecular. Cursó una maestría, un doctorado, realizó internados y residencias y posteriormente continuó con su trabajo científico.

Sin embargo, para Melgarejo, acumular grados académicos nunca ha sido el objetivo final.

El conocimiento también debe enseñar humildad

Uno de los mensajes que dirigió especialmente a los estudiantes fue que el conocimiento no debería convertirse en una herramienta para sentirse superior, sino en una razón para reconocer cuánto falta por aprender.

“Mientras más grados académicos tengas y mientras más certificaciones tengas, más te das cuenta de lo que no sabes”, planteó durante la charla.

La reflexión adquiere particular relevancia para quienes apenas comienzan una carrera universitaria.

En una etapa en la que los estudiantes suelen preocuparse por las calificaciones, las materias aprobadas, los títulos y el futuro laboral, el investigador propuso mirar la formación desde otra perspectiva: aprender no consiste solamente en acumular respuestas, sino en desarrollar mejores preguntas.

Por ello, invitó a los jóvenes a observar con atención a quienes consideran referentes y a acercarse a personas capaces de reconocer sus propios límites.

“El conocimiento te tiene que hacer humilde”, les exhortó a sus oyentes.

Para ejemplificarlo recordó a Peter Agre, ganador del Premio Nobel de Química en 2003 por el descubrimiento de las acuaporinas, según, relató, cuando tuvo oportunidad de conversar con él, Agre atribuyó buena parte del descubrimiento al trabajo de su estudiante de doctorado.

Para Melgarejo, esa actitud representa una verdadera señal de conocimiento.

Una pregunta detrás de otra

Su propia investigación nació de una pregunta. Después de estudiar moléculas presentes en la médula ósea de los perros, identificó péptidos con propiedades antimicrobianas. El hallazgo abrió una nueva interrogante: si determinados mecanismos de defensa estaban presentes en los perros, ¿qué podría encontrarse en especies relacionadas?

La curiosidad lo llevó entonces hacia África. Comenzó a estudiar a las hienas moteadas, animales capaces de sobrevivir en condiciones que para otras especies resultarían extremadamente difíciles. Su resistencia a determinados patógenos y su particular sistema inmunológico despertaron el interés del investigador.

La investigación implicó viajes, búsqueda de financiamiento, trabajo de campo y colaboración internacional. Pero también exigió algo menos visible: paciencia.

“¿Qué se necesita para hacer ciencia, aparte de la pasión y la inteligencia?”, preguntó a los estudiantes.

Su propia respuesta fue contundente: “Dinero”.

Con ello explicó que las grandes ideas necesitan infraestructura, recursos, equipos y personas dispuestas a convertirlas en proyectos viables. La pasión, por sí sola, no sustituye el trabajo científico; pero sin ella, sostuvo, difícilmente existe la constancia necesaria para llevar una investigación hasta sus últimas consecuencias.

Las hienas y el valor de hacer algo que otros consideran imposible

La parte más singular de su trayectoria llegó cuando decidió llevar a las hienas a Estados Unidos para estudiarlas de manera controlada.

El proyecto implicó construir instalaciones especiales, cumplir con requisitos sanitarios y de cuarentena y, sobre todo, lograr que animales salvajes pudieran relacionarse con los investigadores sin necesidad de recurrir constantemente a métodos de contención física.

Melgarejo contó que acostumbró gradualmente a las hienas a su presencia. Las bañaba, las paseaba y trabajaba con ellas hasta conseguir que colaboraran en procedimientos necesarios para obtener muestras.

Desde afuera, la idea podía parecer absurda. Para él, era una pregunta científica que todavía no tenía respuesta.

Y esa diferencia resulta fundamental para los estudiantes: muchas investigaciones comienzan con una idea que inicialmente parece extraña, improbable o incluso imposible.

“Cuando la gente decía: ‘Estás loco, no puedes, no vas a poder’, yo respondía: ‘Watch me’”, relató.

Más allá de la frase, la anécdota planteó una reflexión sobre la resistencia que acompaña a cualquier proyecto que intenta abrir un camino nuevo. No se trata de ignorar las críticas, sino de aprender a distinguir entre una objeción que puede mejorar una idea y una opinión que simplemente nace de creer que algo nunca se ha hecho porque no puede hacerse.

No jubilarse de la curiosidad

A sus 65 años, el investigador contó que todavía recibe comentarios de quienes consideran que debería jubilarse.

Su respuesta resulta coherente con toda la historia que acababa de compartir:

“¿Qué me toca? Yo viajo, hago investigación”.

Para Melgarejo, la edad no representa el final de la curiosidad. Incluso señaló que los estudiantes actuales lo mantienen en constante desafío debido a las nuevas herramientas digitales y a la rapidez con que aparece información científica.

En el aula, dijo, ya no basta con ser quien posee todas las respuestas. Los jóvenes tienen acceso inmediato a Google, artículos científicos, inteligencia artificial y otras herramientas. Eso obliga también a los profesores a mantenerse aprendiendo.

“La idea modifica la relación tradicional entre quien enseña y quien aprende: el estudiante no solamente recibe conocimiento; también puede obligar al profesor a actualizarse, cuestionarse y continuar investigando”.

Encontrar para qué estamos aquí

Hacia el final de la charla, el investigador recuperó una idea atribuida a Mark Twain: existen dos días importantes en la vida de una persona, el día en que nace y aquel en que descubre para qué está en este mundo.

Para un estudiante universitario, encontrar esa respuesta puede parecer demasiado pronto. Hay quienes llegan a la universidad convencidos de lo que quieren hacer y quienes cambian de carrera, descubren nuevas áreas o incluso terminan construyendo un camino que jamás habían imaginado.

La experiencia de Melgarejo sugiere que ninguna de esas posibilidades es un fracaso.

Su propia trayectoria pasó por la clínica, la investigación, los animales domésticos, la biología molecular y finalmente las hienas africanas. El hilo conductor no fue una ruta profesional perfectamente trazada, sino una curiosidad que permaneció viva.

Por eso, quizá el mensaje más importante de su visita no fue “sigan sus sueños”.

Fue algo más exigente: “Descubran qué les importa lo suficiente como para trabajar por ello incluso cuando sea difícil, cuando se equivoquen, cuando tengan que empezar otra vez y cuando alguien les diga que no pueden hacerlo”.

Porque una carrera universitaria puede otorgar un título. Pero una pregunta que realmente nos apasiona puede abrir una vida entera de aprendizaje.