El gabinete de la actual presidenta, con excepción del señor García Harfuch y, de lejos, por Marcelo Ebrard, todas y todos son nulidades políticas: papas con ojos o elotes con huitlacoche. Con ellos, ni juntándolos, se hace una.
La señora Sheinbaum, presidenta de la República, declaró: que los elogios de la agencia antidrogas estadunidense hacía Omar García Harfuch pretenden dividir a su gobierno. “Son tácticas que usan de injerencia”. (Reforma, 3 de septiembre de 2026).
En lo que dijo la presidenta tiene y no razón. Los funcionarios de Estados Unidos, en principio, se limitaron a reconocer una realidad: de todos los miembros del gabinete de Sheinbaum el señor García Harfuch es el único que está dando buenos resultados en la responsabilidad que le ha sido confiada.
El que la presidenta afirme que los norteamericanos están tratando de dividir su gobierno pudiera no ser cierto; su gobierno, con o sin la declaración de los estadunidenses, ya está dividido.
En cuanto a la injerencia, pudiera tener algo de razón; finalmente nos han mostrado su preferencia para 2030.
La política norteamericana, por naturaleza, es intervencionista. En este momento las razones pudieran ser explicables: observan que en México, si bien hay quien es titular formal del poder público, no existe quien lo ejerza. En el mejor de los casos, es bicéfalo: tiene dos cabezas, una grande, la de AMLO y su grupo, y otra pequeña: la de Sheinbaum, no digo y su grupo, pues no lo tiene.
También pudiera ser que nuestros vecinos observen que en México hay desgobierno y muchos grupos de poder periféricos, y que, por ello, consideran que es el momento de reclamar para sí la cuota del poder público que, como vecinos poderosos, les corresponde. Son la defensa de sus intereses, seguridad y la información con que cuentan, lo que los ha llevado a intervenir. Ellos, simplemente, actúan en defensa propia; y lo hacen en el momento que consideran oportuno. Ya nos dieron el nombre de su candidato y las razones de por qué lo es.
En México la 4T, por naturaleza, es un factor de división; lo hace doblemente: ha dividido a los mexicanos y, en su hacer y no hacer, se ha fraccionado; los grupos de poder son muchos, antes que nada: el que representa crimen organizado, visto como algo genérico, pues dentro de él existen divisiones radicales.
Enseguida, los grupos de AMLO: Adán Augusto López, junto con su equipo político y económico o de posibles negocios; luego, el grupo familiar de AMLO: sus hijos, hermanos y otros parientes; enseguida el grupo del Caribe, que gira en torno a amigos y subordinados de AMLO; los grupúsculos que existen en el gabinete, el Congreso de la Unión y la Suprema Corte. La señora Batres es por sí una causa de división.
En provincia: la facción sinaloense, que hace y deshace, sin que exista fiscalía que los procese y pesa a los delitos que se les atribuyen; el grupo sonorense de Alfonso Durazo, que pretende resolver su propia sucesión; el grupo de Félix Salgado Macedonio, que cuestiona la autoridad presidencial y pretende imponer a quién será el sucesor Evelyn, su hija, en la gubernatura. Hay otros grupos de menor importancia.
La declaración presidencial referida a una injerencia extranjera alude a la forma elogiosa en que funcionarios de los EUA se refirieron al desempeño del secretario de seguridad Omar García Harfuch, que fue tomada por ella y por muchos como un predestape. Reconocer un trabajo implica una preferencia y ésta, por donde se le vea, es excluyente de muchos: todos los secretarios de Estado y gobernadores que por sí o a instancias de AMLO se sienten merecedores de heredar la silla presidencial.
Las divisiones existen, lo prueban la presencia de grupos que luchan entre sí por acrecentar su cuota de poder, porque ella no se disminuya o porque no adquiera más notoriedad y poder Omar García Harfuch. La delincuencia organizada, por ningún concepto, permitiría que éste ocupe la Presidencia y hará todo lo posible para impedirlo.
Ante la declaración de funcionarios de EU y habida cuenta el buen desempeño del señor García Harfuch, se ve difícil que lo cesen e, incluso, que lo paren. AMLO y hasta la señora presidenta –ésta en menor medida– se van a tener que quedar con el golpe y el chipote. No les quedará más que aceptar el destape y resignarse a que la sucesión es la que nos están imponiendo. Como dijo el clásico: No se equivoquen.
El gabinete de la actual presidenta, con excepción del señor García Harfuch y, de lejos, por Marcelo Ebrard, todas y todos son nulidades políticas: papas con ojos o elotes con huitlacoche. Con ellos, ni juntándolos, se hace una.
En el elogio norteamericano, en el fondo, está de por medio algo muy simple pero importante: el que se cuestione el derecho que AMLO y la señora Sheinbaum tienen de determinar el sentido de la sucesión de 2030. Ella reclama para instancias nacionales el derecho a decidir respecto de quién la sucederá. En lo que pudiera tener razón.
Está por verse si Sheinbaum lo hace en defensa de un derecho que supuestamente le corresponde a ella o actúa en defensa del derecho que, por virtud de un convenio o valor entendido entre ellos, tiene con AMLO, como jefe de Morena, para resolver la próxima sucesión presidencial.
Con que don Omar García siga haciendo su trabajo tal como lo ha venido realizando hasta la actualidad, pudiera ponerlo a salvo de las maniobras de AMLO, de los grupos que de él dependen y de la campaña que en su contra pudiera iniciar la delincuencia organizada para interrumpir su ascenso político. Ésta, a como dé lugar, tratará de impedir que llegue. De todos los posibles, él es el único a quien vetan.
No veo que alguna mujer del gabinete o del grupo de gobernadora haga punta para ser tomada en cuenta para la sucesión presidencial. De seguir las cosas así, para 2029 no habrá precandidata. Con riesgo de ser acusado de antifeminista, afirmo que, cuando menos en este momento: la yeguada está flaca.
Sólo nos falta a que, como es costumbre, en razón de que aún nos consideran su colonia, vengan de España algunos políticos a darnos lecciones y también indicaciones respecto de cómo solucionar nuestros problemas. Los españoles se sienten con derecho a realizar visitas periódicas para aconsejarnos y hasta regañarnos por nuestro comportamiento político. Nunca les faltan interesados en oírlos y foros en donde despotriquen.
Eso sí, los mexicanos, por ningún concepto, deben atreverse a criticarlos y, mucho menos, aconsejarlos respecto de cómo arreglar el desorden político y de corrupción en que están hundidos.

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