A un cuarto de siglo de que la organización Al Qaeda, dirigida por Osama bin Laden, orquestara el secuestro de cuatro aviones y provocara la muerte de cerca de 3 mil personas en Nueva York, Washington y Pensilvania, Estados Unidos conmemora el aniversario en medio de un relevo generacional, un máximo despliegue de seguridad y la ausencia inédita de un presidente en funciones en la ceremonia de Nueva York.
CIUDAD DE MÉXOCO (apro).-Estados Unidos conmemorará este viernes el 25 aniversario de los atentados terroristas de 2001, que dejaron cerca de 3 mil muertos en Nueva York, Washington y Pensilvania, en una fecha marcada por el relevo generacional, el reforzamiento de la seguridad y la ausencia inédita de un presidente en funciones en la ceremonia de Nueva York.
El acto central se realizará en la plaza del National September 11 Memorial & Museum, en el Bajo Manhattan, donde se leerán los nombres de las personas fallecidas en los ataques contra el World Trade Center, el Pentágono y el vuelo 93, además de las víctimas del atentado del 26 de febrero de 1993 contra el mismo World Trade Center.
Por primera vez en 25 años, la ceremonia incluirá un séptimo momento de silencio, dedicado a quienes murieron posteriormente por enfermedades o lesiones derivadas de los atentados, de acuerdo con el mismo medio.
El presidente Donald Trump no asistirá a los actos en Nueva York, rompiendo con la tradición seguida durante el último cuarto de siglo y en su lugar participará en los homenajes de Washington. Entre los asistentes previstos en Nueva York figura el expresidente George W. Bush, de 80 años. Los organizadores insistieron en que trabajaron «intencionalmente para mantener la conmemoración libre de política».
En materia de seguridad, el Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) desplegará un operativo «masivo» en el Bajo Manhattan, con agentes antiterroristas, unidades contra drones y personal con armamento pesado, informó su comisionada, Jessica Tisch. El alcalde Zohran Mamdani, quien confirmó su asistencia al acto, presentó el operativo junto con Tisch. La funcionaria precisó que no hay amenazas creíbles específicas dirigidas contra las conmemoraciones, aunque la vigilancia se extenderá también a sinagogas y otras instituciones judías por coincidir el aniversario con el inicio de Rosh Hashaná.
El acto conmemorativo no estará abierto al público general; solo podrán ingresar personas invitadas que superen los controles de seguridad, de acuerdo con el canal local ABC7 New York.
Como parte de la programación del 25 aniversario, la ciudad realizará hasta el 13 de septiembre distintas actividades culturales y de memoria, entre ellas el tradicional «Tribute in Light», los dos haces de luz que iluminan Lower Manhattan sobre el emplazamiento de las Torres Gemelas, un «Day of Service» en el Intrepid Museum y la Subway Series entre los Yankees y los Mets, con un homenaje a los servicios de emergencia previsto para el primer juego.
El día que el mundo cambió
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 consistieron en el secuestro simultáneo de cuatro aviones comerciales por 19 operativos de Al Qaeda. Dos de las aeronaves (los vuelos 11 de American Airlines y 175 de United Airlines) se estrellaron contra la Torre Norte y la Torre Sur del World Trade Center, en Nueva York, provocando el colapso de ambos edificios. Un tercer avión, el vuelo 77 de American Airlines, impactó contra el Pentágono, en Washington. El cuarto, el vuelo 93 de United Airlines, cayó en un campo cercano a Shanksville, Pensilvania, luego de que un grupo de pasajeros intentara retomar el control de la cabina.
El operativo fue ideado por el paquistaní Jalid Sheij Mohamed (KSM), quien lo bautizó internamente como «Operación Aviones». Basado en el informe de la Comisión del 11-S del Congreso estadunidense, el plan original de KSM contemplaba el secuestro de diez aviones, y fue presentado por primera vez a Osama bin Laden en un encuentro en Tora Bora en 1996, donde el líder de Al Qaeda reaccionó con escepticismo.
Bin Laden autorizó formalmente la operación hasta finales de 1999, luego de que el doble atentado de 1998 contra las embajadas estadunidenses en Kenia y Tanzania lo convenciera de la disposición de Al Qaeda para golpear territorio estadunidense. La Comisión del 11-S estimó el costo total de la operación entre 400 mil y 500 mil dólares, financiados por KSM mediante transferencias y entregas en efectivo.
Un fragmento del libro La torre elevada, de Lawrence Wright documentó que Bin Laden, KSM y el entonces comandante militar de Al Qaeda, Abú Hafs al Masri, se reunieron en Kandahar en la primavera de 1999 para seleccionar los objetivos finales: la Casa Blanca, el Capitolio, el Pentágono y el World Trade Center. Según ese relato, Bin Laden llegó a considerar también atentados contra la Torre Sears de Chicago y la Torre Library de Los Ángeles, blancos que finalmente se pospusieron. El mismo libro atribuye parte de la falla en la prevención del ataque a disputas burocráticas entre agencias de inteligencia estadunidenses, que se negaron a compartir información que advertía sobre los planes de Al Qaeda desde 1999.
Las conmemoraciones del 11-S han variado en tono a lo largo de las dos décadas y media transcurridas. En el séptimo aniversario, en 2008, el entonces presidente George W. Bush presidió un acto en el Pentágono en el que destacó que no se había registrado otro atentado en territorio estadunidense.
En el vigésimo aniversario, en 2021, el presidente Joe Biden rindió homenaje en los tres sitios de los ataques sin pronunciar un discurso propio, y en su lugar destacó las palabras de Bush, quien había advertido sobre la creciente polarización política interna.
«Gran parte de nuestra política se haya convertido en un llamamiento desnudo a la ira, el miedo y el resentimiento», recordó Biden en aquel momento.
La cobertura periodística de los atentados también dejó un capítulo propio en la discusión sobre los límites del fotoperiodismo: la fotografía «El hombre que cae», tomada por Richard Drew para Associated Press, retrató a una de las personas que saltaron desde las Torres Gemelas para escapar del fuego y el humo, y se convirtió en una de las imágenes más citadas y más controvertidas sobre lo ocurrido ese día.
El atentado transformó de manera duradera la política exterior y la vida interna de Estados Unidos. El 18 de septiembre de 2001, el entonces presidente George W. Bush firmó la autorización del Congreso para perseguir a los responsables de los ataques, refugiados en Afganistán; el 7 de octubre siguiente, el Pentágono inició la invasión de ese país para dar con Al Qaeda y con Bin Laden.
La guerra se prolongó veinte años, con un saldo de 2 mil 461 soldados estadunidenses muertos y más de 20 mil heridos, y un gasto estimado de 300 millones de dólares diarios.
Bin Laden no fue localizado en Afganistán, sino en Pakistán, donde murió el 2 de mayo de 2011 en un operativo de un comando de la Marina de Estados Unidos ordenado por el entonces presidente Barack Obama. Estados Unidos completó el retiro militar de Afganistán hasta el 31 de agosto de 2021, bajo la administración de Joe Biden, veinte años después de iniciada la invasión.
A la par de la guerra en el exterior, el país transitó por un incremento de los ataques de odio racial en su interior, al punto de que las propias autoridades estadunidenses comenzaron a clasificarlos como terrorismo doméstico. Ese es el país que este viernes, un cuarto de siglo después de los atentados, vuelve a mirar al cielo que perdió.

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