Las llamadas micorrizas resultan esenciales para el sostenimiento de la vida, contribuyen al funcionamiento de los ecosistemas e incluso el equilibrio climático, por lo que se consideran el «sistema circulatorio» del planeta
EFE.- Si se pusiera en línea recta las fibras que componen la vasta red de hongos «micorrícicos» subterráneos que hay en la Tierra y que son esenciales para la fertilidad del suelo, el reciclaje de los nutrientes, la captura de carbono, la seguridad alimentaria o la regulación del clima, se alargaría por unos 110 billones de kilómetros.
Esa distancia es equivalente a mil millones de veces la que existe entre la Tierra y el Sol, de acuerdo con las estimaciones que hizo un equipo internacional de investigación para elaborar el primer mapa global de lo que algunos llaman el «sistema circulatorio» de la Tierra, publicado este jueves en la revista Science.
Las redes subterráneas de hongos micorrícicos o micorrizas —palabra que deriva de los vocablos griegos mikes, hongo, y rhiza, raíz— viven asociadas a las raíces de las plantas y resultan esenciales para el sostenimiento de la vida, el funcionamiento de los ecosistemas e incluso el equilibrio climático.
El equipo de investigación, liderado por la Sociedad para la Protección de las Redes Subterráneas (SPUN por su sigla en inglés), utilizó tecnologías de inteligencia artificial, aprendizaje automático y robótica para elaborar el primer mapa global de esta infraestructura viva.
Además, este mapa pone en relieve cómo la agricultura intensiva está acelerando la destrucción de las micorrizas y amenazando el papel clave que esta red desempeña contra el cambio climático.
El «sistema circulatorio» del planeta
Las redes micorrízicas están formadas por millones de finísimos filamentos llamados hifas, mismas que se agrupan en forma de micelio, que es el hongo propiamente dicho (lo que usualmente se conoce como hongos, como las setas, son sólo los cuerpos reproductores que sobresalen de la tierra).
Así, las hifas actúan como «vasos sanguíneos» por las que circulan el agua y los nutrientes en los hongos y que llegan a las raíces de las plantas; razón por la que hay quienes se refieren a este como «el sistema circulatorio del planeta».

La investigación revela, entre otras cosas, que los pastizales albergan aproximadamente el 40% de la infraestructura de los hongos micorrícicos más abundantes —los llamados arbusculares—, y que los pastizales inundados de Sudán del Sur, los Everglades en Florida y la meseta tibetana presentan una densidad de red excepcionalmente alta.
El mapa también muestra que México tiene una densidad considerable de estas redes de micorrizas en sus áreas montañosas; sin embargo, en las penínsulas de Baja California y Yucatán es poco abundante.
Las extensas redes de hongos subterráneos transportan unas cuatro mil millones de toneladas de dióxido de carbono a los suelos cada año, lo que equivale al 11% de todas las emisiones relacionadas directamente con el ser humano, aunque los investigadores han advertido que las grandes extensiones agrícolas presentan densidades de estos hongos un 50% menores.
El estudio publicado este jueves se suma al del pasado año en Nature, que incluía una herramienta digital para localizar los puntos críticos de biodiversidad subterránea; sin embargo, hasta ahora nadie —señalan los investigadores— había intentado predecir y visualizar la densidad física y la distribución global de las redes que forman las micorrizas.
Los investigadores recopilaron datos sobre la densidad de esas redes a partir de más de 16 mil muestras de suelo extraídas por todo el planeta, y luego desarrollaron modelos de aprendizaje automático que incorporaron capas de datos de desiertos, tundras y bosques para predecir la densidad de la red en los ecosistemas que no habían sido testados.
Según los cálculos del equipo, las redes de hifas sumarían una longitud total de unos 110 billones de kilómetros y tienen una masa de aproximadamente 300 megatones de carbono, equivalente a entre cuatro y seis veces la masa de todos los seres humanos vivos en el planeta.
Epílogo de utilidad
La publicación incluye, igual que la de Nature, un mapa interactivo que revela la magnitud de esta infraestructura subterránea, una visualización que puede ayudar a científicos y los responsables políticos a comprender dónde prosperan mejor estos sistemas, fundamentalespara la conservación de los ecosistemas, y dónde se encuentran más amenazados.


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